Les esquerres han de donar suport a la independència de Catalunya?

Aquesta és una pregunta que resumeix part del debat que organitzacions i moviments per la justícia social mantenen avui a Catalunya. Des de l’Escola de Pensament Crític hem demanat l’opinió a cinc persones d’esquerres per tal d’impulsar un diàleg sobre la qüestió informat i respectuós

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¿Las izquierdas deben apoyar la independencia de Cataluña?

Esta es una pregunta que resume parte del debate que organizaciones y movimientos por la justicia social mantienen hoy en Cataluña. Desde la Escuela de Pensamiento Crítico hemos pedido la opinión a cinco personas de izquierdas para impulsar un diálogo sobre la cuestión informado y respetuoso.

¿La independencia de las clases populares?XaviM

Para tratar de responder a la cuestión planteada, haría falta en primer lugar intentar definir de forma sintética  cuales son los rasgos principales del  pensamiento de izquierdas y comprobar si  son  o no compatibles con el actual proyecto independentista.

La izquierda , como ideología ,abarca diversos proyectos políticos con no pocas  diferencias entre ellos  y podemos incluir en ella  desde la socialdemocracia, el comunismo, los nuevos movimientos sociales o incluso el anarquismo.

Tratar de encontrar el hilo rojo que liga estas diversas tradiciones políticas y las une en el pensamiento común de la  izquierda implica buscar cual es el mínimo común de todas ellas : rebelarse ante la desigualdad social, escoger siempre la defensa del pobre, pensar que el cambio social ha de ir destinado a mejorar  las condiciones vitales de aquellos que más lo necesitan. Estos habrían de ser los principales objetivos de cualquier proyecto político que se reivindique de izquierdas.

Como gente de izquierdas, lo que habría de preocuparnos es si cualquier propuesta de cambio social tendrá efectos positivos sobre las clases populares  y sobre aquellos  más desfavorecidos de la sociedad.

El independentismo es, sin duda y por definición, un proyecto de ruptura con el sistema. Es evidente que la constitución de un nuevo estado es ,potencialmente, una oportunidad para implementar un modelo de sociedad  que recoja los objetivos y preocupaciones de las corrientes políticas  de izquierdas. Pero, ¿ garantiza el actual proyecto independentista de Catalunya una mejora de la situación de aquellos que habrían de ser objeto de preocupación para la gente de de izquierdas? Mi opinión es que no.

Difícilmente  un proyecto liderado por la derecha  podrá impulsar las transformaciones sociales y políticas para defender los intereses de las clases trabajadoras. Como la experiencia histórica muestra, la correlación de fuerzas en los períodos constituyentes de un estado tiene una transcendencia  muy importante para definir los límites  con que posteriormente se podrán realizar políticas concretas. Afirmar que el proyecto independentista está  actualmente dirigido, controlado y, en parte secuestrado por la derecha no implica despreciar  a la amplia base civil que la ha impulsado estos últimos años. El impulso social ha hecho crecer un proyecto que actualmente está gestionado por aquellos  que siempre han representado los intereses de los que más tienen.

Por otro lado,  el actual proyecto independentista  no es un proyecto emancipador para las clases populares porque  las fuerzas de izquierdas del movimiento independentista están dispuestas a posponer su defensa al nacimiento y consolidación de un nuevo estado. ERC ha mostrado estos últimos años  que está dispuesta  a asumir casi cualquier  precio político para conseguir el objetivo de la independencia. En cuanto a las CUP, a pesar de toda su retórica de ruptura y de no renuncia a la transformación social, lo cierto es que ha sido deliberadamente ambigua sobre el hecho de dar apoyo  a Artur Mas para que pueda  liderar el proceso de transición nacional  y tampoco han dudado en dar el apoyo necesario para que el proyecto independentista progrese, abstrayéndose del hecho de que es la derecha quien lo controla y condiciona. Seguro que la constitución de un nuevo estado comportaría muchos momentos de excepcionalidad que necesitarían nuevamente  que determinadas izquierdas  renuncien  a la defensa de los intereses de las clases populares, hecho especialmente grave si tenemos en cuenta que podría tardar un número indeterminado de años a ser realidad y con unos costes que afectarían especialmente a dichas clases.

Otra cuestión,  que tendría que poner en alerta a la gente de izquierdas es que el independentismo es un proyecto que no cuenta actualmente con el apoyo mayoritario de las clases populares. El análisis de los datos demoscópicos muestra  que aquellos peor situados socialmente son los que menos apoyo dan al proyecto independentista. El independentismo es muy minoritario en los grupos de rentas bajas, en la clase obrera no cualificada o, por ejemplo , en los barrios deprimidos de las zona metropolitanas.  Que un proyecto de transformación social no cuente con el apoyo de aquellos a quien las fuerzas de izquierda aspiran a representar i a defender habría de ser motivo de profunda reflexión. A menudo  aquellos que defienden el actual proyecto independentista afirman que están dispuestos y dispuestas a asumir el coste que el proceso de transición nacional les  podría  provocar. Me temo que no es valentía, sino inconsciencia de aquel que no ha tenido que padecer las consecuencias de la pobreza i la desigualdad.

La independencia como proyecto político está actualmente hegemonizado por una derecha que con el argumento de la transversalidad, ha conseguido  imponer su ideología. Owen Jones en su último libro “El Establishment” explica una anécdota sobre Margaret Thatcher: el año 2002 y después del triunfo de los laboristas afirmó contenta que ” nuestro gran éxito es Toni Blair. Hemos obligado a nuestros oponentes a cambiar”. De lo que hablaba Thatcher es de hegemonía  y de como, más de veinte años después de dejar el poder, había conseguido lo  que quizás fue su objetivo más relevante: hacer que muchas de sus premisas neoliberales  fueran incorporadas por su principal competidor, el laborismo. El proceso de unidad transversal de las fuerzas independentistas se ha hecho desde una preeminencia  de las fuerzas conservadoras que han conquistado la hegemonía del movimiento. Cualquier cambio social que pueda emerger desde esta hegemonía tendrá poco que ver con lo que la izquierda debería de tener entre sus principales objetivos: lucha contra la desigualdad y mejora de las condiciones vitales de las clases populares.

Xavier Gonzálbez, politólogo

Adiós España, me emancipoignasi

Adiós, me voy, ya basta. Quiero hacer mi vida. Estoy harto de que me digan lo que debo hacer y lo que no. Ya me organizaré yo solo, creo que ya soy mayorcito. Comienzo una nueva etapa; ya hace mucho tiempo que lo pienso y creo que es un buen momento. Tengo muchos proyectos, fuerza y soy muy emprendedor. No es egoísmo, son ganas de vivir con más libertad, poder hacer lo que quiera sin pedir permiso. De vez en cuando poder sentarme a una mesa, comer junto a la familia, abuelos, padres y hermanos; celebrar un cumpleaños o hacer un viaje todos juntos. Quiero irme de buen rollo, no os enfadéis, no me queráis cerrar la puerta si lo que yo quiero es marcharme. Sabéis que soy responsable, acogedor, justo, solidario, conciliador. Me habéis tenido muchos años en casa y sabéis que soy así. No dejaré de serlo (¿u os imagináis que sí?) Con los ahorros que tengo y los que espero poder hacer me las arreglaré muy bien. Me quedo en el barrio, pero me marcho. Alrededor no hay edificios que me tapen el sol como ahora. Hay tiendas, buena gente y está bien comunicado. Invitaré a los amigos a cenar, jugar y pensar en proyectos bonitos. Cada vez lo veo más claro y estoy totalmente animado: ¡quiero ser libre, independiente!

Ignasi Estevan, técnico de empleo

Cuidado, hay trucoramon

¿Debe la izquierda apoyar el proceso de independencia de Catalunya? Así las cosas, no. ¿Por qué? La izquierda es internacionalista y no cantonalista, pero eso no salda la cuestión. Que el derecho a decidir, sin más, sea una llave jurídica muy discutible tampoco ayuda, porque en Catalunya está bloqueada una ciudadanía que pide tomar posición en relación a España. ¿La izquierda debe impulsar un proceso de consulta? Sí pero no éste, mientras se cocine en cenáculos de la derecha identitaria como plato único y excluyente. Que esta postura haya sido barrida por el mantra hegemónico en la escena social, cultural y mediática -votar para votar sí a la independencia rápida- da una pista de los severos déficits democráticos en construir la base plural del proceso, del que siguen ausentes las clases más débiles. (Observadores internacionales tendrían no poco que decir sobre la neutralización de los medios públicos y sus terminales privadas). El escandaloso compadreo de ERC con CiU en políticas sociales o lucros ilícitos nos avisan del inasumible peaje a abonar a los conductores de esta revolución al galope de instalados. Peaje rima con camuflaje: en una sola lista eluden responder a su destrucción del modelo social y a la privatización arbitraria de su acción de gobierno entregando el poder a entidades que les calienten el papanatismo aplaudidor del fuego sagrado. Una legítima demanda de Estado propio queda así degradada a tapadera populista y avaladora de un montaje en que siempre gana el mismo que no responde de cabeza de lista. Artur Mas, el nuevo líder para un país nuevo. ¿Éstas son las condiciones objetivas para darle el sí? Cuidado, hay truco.

Ramon Miravitllas, periodista y escritor.

¿Hacia una derrota por incomparecencia?jordi4

La aceleración del debate sobre la soberanía de Catalunya provocada por el fuerte crecimiento del apoyo social a la independencia de los últimos años ha coincidido en el tiempo con una crisis de la izquierda catalana y con un contexto de gran poder institucional de Convergència, que ha hecho una apuesta política para identificarse y, eventualmente, encabezar esta oleada.Esta coincidencia ha tenido como consecuencia que, desde algunos sectores, se haya querido identificar el soberanismo catalán con posiciones de derecha o centroderecha. Parte de la izquierda catalana se ha sentido incómoda ante un proceso que, a su entender, tapa el debate social. Es el argumento, tan repetido, de la bandera que oculta los recortes. En su versión más grotesca, se reciclan viejos argumentos que identifican el catalanismo con la burguesía y se apela a una clase trabajadora de profundos sentimientos españoles. Se apela a los padres andaluces y a los abuelos extremeños, e incluso –de una manera un poco excéntrica- se pide que se no se avergüencen de sus orígenes. Una mirada ciertamente extemporánea sobre la realidad catalana que, quizás, se explica por el contexto de una campaña que para algunos se ha vuelto más difícil de lo que se preveía.
En todo caso, más allá de la anécdota, la consecuencia de este punto de vista es la no comparecencia, cuando no la hostilidad abierta, de una parte de las izquierdas catalanas hacia el proceso y la propia idea de independencia.
En cambio, otra parte de la izquierda catalana ha sido tentada a abandonar la agenda social para concentrar todos los esfuerzos en el proceso soberanista. Es aquello de ‘primero la independencia y después ya lo veremos’. Es una apuesta ciertamente arriesgada, porque en la hipótesis que el proceso hacia la independencia no avance de manera rápida, puede desdibujar el perfil ideológico de este sector, que algunos querrían ver diluido en un tipo de soberanismo post ideológico, cohesionado sólo por la gestión de un proceso prolongado en el tiempo. Es, para decirlo en palabras del periodista Roger Palà, el escenario del processisme.
Ahora bien, ni una apuesta ni la otra hacen justicia ni a la historia ni a la composición ideológica del independentismo catalán, mayoritariamente de izquierdas. Pero más allá de esto, el que es relevante es que las dos actitudes nos pueden hacer perder una oportunidad histórica. Si finalmente se abre un proceso constituyente en Catalunya, la incomparecencia de las izquierdas, ya sea para diluirse en un espacio soberanista transversal, ya sea para quererse mantener al margen a la espera de una oportunidad en España, les haría perder una gran oportunidad de cambiar las relaciones de poder en nuestro país. Es en momentos como este, en que se puede redefinir profundamente nuestro marco institucional, que la correlación de fuerzas de hoy puede tener consecuencias profundas a largo plazo. Cuando se definen las instituciones de un país se ponen las bases para la gran orientación de la política del futuro. Los cambios de gobierno son, por supuesto, relevantes, pero el marco institucional define un terreno de juego en el que algunas cosas son posibles y otras no. Este es el reto, y la oportunidad que tienen las izquierdas catalanas. ¿La desaprovecharán?

Jordi Muñoz, politólogo

El importante papel de las izquierdas en la independenciaxaviteis

Como puntualización previa, sólo puedo entender las izquierdas desde la voluntad de aportar cambios profundos en la sociedad actual y que remuevan y alteren las prioridades. Que pongan a la persona en el centro y que hagan que la economía esté al servicio de las personas y no al revés.

Partiendo de esta premisa, creo que las izquierdas tienen que respaldar la independencia por dos motivos esenciales:

  1. Para evitar que el proceso de independencia nos deje relativamente igual. Que simplemente bajemos una bandera para izar otra. La izquierda tiene que velar para que la elaboración de las bases de un nuevo estado se haga a través de un proceso verdaderamente participativo desde abajo, y a poder ser, desde la izquierda.
  2. Porque pienso que desde la voluntad de un profunda transformación social, la independencia nos acerca a la idea de que las realidades más pequeñas son más transformables. Desde la cultura del municipalismo, arraigada a la cultura política catalana, y desde el ámbito más local, creo que una Catalunya independiente hace más posible la idea de construir alternativas económicas y políticas en clave social, solidaria, cooperativa, comunitaria y feminista.

Xavi Teis, economista y cooperativista

Sobre el que passa a Catalunya

Sabies que fa algun temps la majoria de catalans eren autonomistes? I que la independència era només la tercera preferència entre els models de relació Catalunya-Espanya? I que més d’un 30% dels votants de CIU, ERC, PSC i ICV-EUiA eren federalistes?

Sembla mentida, però d’això només fa quatre anys. Avui les estelades han deixat de ser un símbol minoritari (i per a alguns, radical) per a convertir-se en un ornament habitual de balcons, places, rotondes, vehicles, bars o ajuntaments. El federalisme ha perdut prestigi social a marxes forçades: de l’admiració que despertava la formulació del federalisme asimètric a finals dels 90 s’ha passat a una nova i estesa percepció que associa ser federalista a quelcom naïf, vergonyant, ingenu o unionista. Els autonomistes han desaparegut del mapa: avui costa molt trobar algú que digui que no cal tocar res del model territorial. Menys semblen encara els que aspiren a recentralitzar políticament Espanya i convertir Catalunya en una regió.

Què ha canviat, doncs, en els catalans?

La pregunta 30 del baròmetre d’opinió del CEO ens ajuda a respondre si les percepcions descrites es corresponen amb la realitat. Si revisem les respostes dels catalans a la pregunta de “Creu que Catalunya hauria de ser…?” veurem que les preferències han canviat i molt des de 2010. Els partidaris de la independència s’han més que duplicat entre aquest any i 2014: la ruptura amb Espanya s’ha convertit en l’opció preferida  de la majoria de catalans (45,3%), quan fa només quatre anys era tan sols la tercera (darrere l’opció autonomista i el federalista). La possibilitat que Catalunya esdevingui un Estat dins una Espanya Federal o que es mantingui com una Comunitat Autònoma dins Espanya han perdut quasi bé un terç de suport, de forma que totes dues juntes només arriben a igualar aproximadament la proporció d’independentistes (45,6%). Els qui prefereixen que Catalunya sigui una regió dins Espanya, si ja eren escassos el 2010, han passat a ser gairebé insignificants el 2014 (1,8%), mentre que els que afirmen no saber contestar han crescut lleugerament, fins arribar al 6,5%.

Si examinem les respostes a la mateixa pregunta entre 2006-10, podrem comprovar que a partir de 2010 les predileccions dels catalans canvien substancialment. Fins aquest any podem observar una certa continuïtat de les preferències sobre el model de relacions a establir entre Catalunya i Espanya. Tant en 2006 com en 2010 s’observa la mateixa ordenació de les opcions d’organització territorial (1. Comunitat Autònoma, 2. Estat dins una Espanya federal, 3. Estat independent, 4. Regió d ‘Espanya). El 2014, l’escala de prioritats serà completament diferent: 1.Estat independent, 2.Comunitat Autònoma, 3. Estat dins una Espanya federal, 4. No ho sap. Això sí, cal fer notar que en el període 2006-10 s’observen les mateixes tendències que en 2010-14 (els independentistes pugen i els autonomistes i federalistes baixen), si bé en una intensitat molt menys accentuada.
gràfic catFont: Baròmetre d’Opinió del CEO (2a onada de 2006, 2010 i 2014)

L’evolució de les preferències a les bases electorals dels partits

Si creuem els diferents models de relació amb Espanya amb el record de vot dels enquestats en les darreres eleccions al parlament de Catalunya, podrem veure com han evolucionat les preferències territorials dels catalans en funció del partit a què han votat.

El percentatge de catalans que dóna suport a la independència ha augmentat a tots els partits, a excepció del PP i el PSC. La proporció d’independentistes ha crescut de forma molt ostensible a CIU (145,5%) i ERC (64,36%), significativament a ICV-EUiA (70,62% -això sí, sense esdevenir la primera preferència-) i testimonialment a Ciutadans. En el cas de CIU, la independència ha passat del tercer lloc al primer entre 2010 i 2014.

Amb l’opció autonomista ha succeït el contrari. El tant per cent de partidaris de mantenir el statu quo actual de Catalunya ha crescut entre els votants del PP (33,13%) i el PSC (22,43%) però ha baixat a la resta. Els autonomistes han caigut de forma substancial a les bases electorals de ICV-EUiA (-76,54%), CIU (-71,07%) i Ciutadans (-33,67%), si bé des de punts de partida diferents.

El federalisme s’ha ensorrat en les preferències dels votants de les formacions polítiques majoritàries. A excepció de Ciutadans, on ha crescut notablement (82,5%), i ICV-EUiA, on ha pujat unes dècimes (0,51), el federalisme ha experimentat retrocessos molt acusats en les bases electorals d’ERC (-76,14%) i CIU (-42,72%), i en menor mesura en les del PP (-26,32%) i PSC (-8,10%).

Finalment, l’opció que Catalunya esdevingui una regió d’Espanya ha atret un percentatge menor de votants de quasi tots els partits, passant de ser una alternativa de minoritària a residual. El regionalisme només creix a Ciutadans (108,10%), on assoleix una cota important en termes relatius.

Per què la independència s’ha convertit en la primera opció?

A poc que comparem el període 2006-10 amb el de 2010-14 ens adonarem que hi ha quelcom al 2010 que actua com a accelerador del canvi en les preferències territorials dels catalans. I aquest detonant té una data concreta: el 28 de juny de 2010. En aquest dia el Tribunal Constitucional declara inconstitucionals 14 articles de l’Estatut d’Autonomia de Catalunya, subjectes a interpretació del Tribunal uns altres 27 i subratlla que els conceptes “nació” i “realitat nacional” que figuren al preàmbul no tenen eficàcia jurídica.

A partir d’aquest moment les alternatives d’encaix amb Espanya aniran perdent força progressivament, al temps que la independència ampliarà la seva base de suport fins a cotes mai vistes.

Ara bé, és la sentència de l’Estatut l’únic factor que explica l’actual desafecció amb Espanya d’un sector molt ampli de catalans? No. Entre 2010 i 2014, el Govern central ha comès quatre errors clau que han incrementat el descontent dels catalans amb el marc de relacions de Catalunya amb Espanya, i de retruc el nombre de partidaris de la independència. Uns desencerts que han tingut com a denominador comú l’immobilisme, la manca de voluntat de descentralització política i –en ocasions- l’excessiva dependència del càlcul electoral.

  1. Zapatero va perdre l’oportunitat de reconduir la crisi territorial entre Catalunya i Espanya poc després de la sentència de l’Estatut. En concret, el president del govern hagués pogut impulsar -tal com ell mateix va arribar a contemplar- l’aprovació d’una llei de transferències que hagués retornat a les competències escapçades pel Tribunal Constitucional a l’Estatut de Catalunya. Una maniobra que mai va veure la llum per la divisió del PSOE respecte l’Estatut de Catalunya i per la proximitat de les eleccions de 2011.
  2. Ja en l’etapa Rajoy, el govern central ha rebutjat taxativament obrir un diàleg per tal de millorar el sistema de finançament de Catalunya. El govern de Rajoy ha deixat molt clar des de 2011 que no negociarà un nou finançament per a  Catalunya mentre no hi hagi recuperació econòmica, i que si cal un nou sistema es negociarà amb totes les CCAA. Una nova edició del cafè per a tothom que es troba clarament desfasada en el context actual de l’opinió pública catalana.
  3. Mai des de la seva formació l’executiu de Rajoy ha mostrat cap disposició a debatre una reforma constitucional per a millorar l’autogovern de Catalunya si no és amb l’objectiu de fer caure qualsevol proposta en aquesta direcció. El govern de Madrid ha tancat la porta a parlar de qualsevol canvi en el sistema d’organització territorial: ni tercera via, ni blindatge competencial, ni Estat federat/l, ni Estat confederat/l. Una actitud que no és trivial si considerem que el 69,2% de catalans valoren l’actual nivell d’autonomia política com “insuficient”.
  4. Un cop exhaurides les opcions anteriors, l’executiu central ha estat incapaç de negociar amb les institucions catalanes la celebració d’una consulta sobre el futur polític de Catalunya. La inflexibilitat de Rajoy -projectada com una fortalesa en alguns mitjans de comunicació- ha quedat però en evidència quan un altre govern (també conservador i europeu), el del Regne Unit, no ha tingut problema en pactar un referèndum sobre la independència d’Escòcia.

Enric Miravitllas

Sobre lo que pasa en Cataluña

¿Sabías que hace algún tiempo la mayoría de catalanes eran autonomistas? ¿Y que la independencia era sólo la tercera preferencia entre los modelos de relación Cataluña-España? ¿Y que más de un 30% de los votantes de CiU, ERC, PSC e ICV-EUiA eran federalistas?

Parece mentira, pero de eso sólo hace cuatro años. Hoy las esteladas han dejado de ser un símbolo minoritario (y para algunos, radical) para convertirse en adorno habitual de balcones, plazas, rotondas, vehículos, bares o ayuntamientos. El federalismo ha perdido prestigio social a marchas forzadas: de la admiración que despertaba la formulación del federalismo asimétrico a finales de los 90 se ha pasado a una nueva y extendida percepción que asocia ser federalista a algo naíf, vergonzante, ingenuo o unionista. Los autonomistas han desaparecido del mapa: hoy cuesta mucho encontrar a alguien que diga que no hay que tocar nada del modelo territorial. Menos numerosos parecen aún los que aspiran a recentralizar políticamente España y a convertir a Cataluña en una región.

¿Qué ha cambiado, pues, en los catalanes?

La pregunta 30 del barómetro de opinión del CEO nos ayuda a responder si las percepciones descritas se corresponden con la realidad. Si revisamos las respuestas de los catalanes a la pregunta de “¿Cree que Cataluña debería ser …?” Veremos que las preferencias han cambiado y mucho desde 2010. Los partidarios de la independencia se han más que duplicado entre este año y 2014: la ruptura con España se ha convertido la opción preferida de la mayoría de catalanes (45,3%), cuando hace tan sólo cuatro años era tan sólo la tercera (detrás la opción autonomista y el federalista). La posibilidad de que Cataluña se convierta en un Estado dentro de una España Federal o que se mantenga como una Comunidad Autónoma en España han perdido casi un tercio de apoyo, de forma que las dos juntas sólo llegan a igualar aproximadamente la proporción de independentistas (45,6% de). Los que prefieren que Cataluña sea una región en España, si ya eran escasos en 2010, han pasado a ser casi insignificantes en 2014 (1,8%), mientras que los que afirman no saber contestar han crecido ligeramente, hasta llegar al 6,5%.

Si examinamos las respuestas a la misma pregunta entre 2006-10, podremos comprobar que a partir de 2010 las predilecciones de los catalanes cambian sustancialmente. Hasta este año podemos observar una cierta continuidad de las preferencias sobre el modelo de relaciones a establecer entre Cataluña y España. Tanto en 2006 como en 2010 se observa la misma ordenación de las opciones de organización territorial (1. Comunidad Autónoma, 2. Estado dentro de una España federal, 3. Estado independiente, 4. Región de España). En 2014, la escala de prioridades será completamente diferente: 1.Estado independiente, 2. Comunidad Autónoma, 3. Estado dentro de una España federal, 4. No sabe. Eso sí, debe hacerse notar que en el periodo 2006-10 se observan las mismas tendencias que en 2010-14 (los independentistas suben y los autonomistas y federalistas bajan), si bien en una intensidad mucho menos acentuada.

gráfico cast 2

Fuente: Barómetro de opinión del CEO (2ª oleada de 2006,2010 y 2014)

La evolución de las preferencias en las bases electorales de los partidos

Si cruzamos los diferentes modelos de relación con España con el recuerdo de voto de los encuestados en las últimas elecciones al parlamento de Cataluña, podremos ver cómo han evolucionado las preferencias territoriales de los catalanes en función del partido al que han votado.

El porcentaje de catalanes que apoya la independencia ha aumentado en todos los partidos, a excepción del PP y el PSC. La proporción de independentistas ha crecido de forma muy ostensible en CIU (145,5%) y ERC (64,36%), significativamente en ICV (70,62% -eso sí, sin convertirse en la primera preferencia-) y testimonialmente en Ciudadanos. En el caso de CiU, la independencia ha pasado del tercer lugar al primero entre 2010 y 2014.

Con la opción autonomista ha sucedido lo contrario. El porcentaje de partidarios de mantener el statu quo actual en Cataluña ha crecido entre los votantes del PP (33,13%) y el PSC (22,43%) pero ha bajado en el resto. Los autonomistas han caído de forma sustancial en las bases electorales de ICV (-76,54%), CiU (-71,07%) y Ciudadanos (-33,67%), si bien desde puntos de partida diferentes.

El federalismo se ha derrumbado en las preferencias de los votantes de las formaciones políticas mayoritarias. A excepción de Ciudadanos, donde ha crecido notablemente (82,5% ) e ICV-EUiA, donde ha subido unas décimas (0,51), el federalismo ha experimentado retrocesos muy acusados en las bases electorales de ERC (-76, 14%) y CIU (-42,72%), y en menor medida en las del PP (-26,32%) y PSC (-8,10%).

Finalmente, la opción que Cataluña se convierta en una región de España ha atraído un porcentaje menor de votantes de casi todos los partidos, pasando de ser una alternativa de minoritaria a residual. El regionalismo sólo crece en Ciudadanos (108,10%), donde alcanza una cota importante en términos relativos.

¿Por qué la independencia se ha convertido en la primera opción?

A poco que comparemos el período 2006-10 con el de 2010-14 nos daremos cuenta de que hay algo en 2010 que actúa como acelerador del cambio en las preferencias territoriales de los catalanes. Y este detonante tiene una fecha concreta: el 28 de junio de 2010. En este día el Tribunal Constitucional declara inconstitucionales 14 artículos del Estatuto de Autonomía de Cataluña, sujetos a interpretación del Tribunal otros 27 y subraya que los conceptos “nación “y” realidad nacional “que figuran en el preámbulo no tienen eficacia jurídica.

A partir de este momento las alternativas de encaje con España irán perdiendo fuerza progresivamente, al tiempo que la independencia ampliará su base de apoyo hasta cotas nunca vistas.

Ahora bien, ¿es la sentencia del Estatut el único factor que explica la actual desafección con España de un sector muy amplio de catalanes? No. Entre 2010 y 2014, el Gobierno ha cometido cuatro errores clave que han incrementado el descontento de los catalanes con el marco de relaciones de Cataluña con España, y de rebote el número de partidarios de la independencia. Unos desaciertos que han tenido como denominador común el inmovilismo, la falta de voluntad de descentralización política y –en ocasiones- la excesiva dependencia del cálculo electoral.

  1. Zapatero perdió la oportunidad de reconducir la crisis territorial entre Cataluña y España poco después de la sentencia del Estatut. En concreto, el presidente del gobierno hubiera podido impulsar -tal como él mismo llegó a contemplar- la aprobación de una ley de transferencias que hubiera devuelto a las competencias invalidadas por el Tribunal Constitucional al Estatuto de Cataluña. Una maniobra que nunca vio la luz por la división del PSOE respecto al Estatuto de Cataluña y por la proximidad de las elecciones de 2011.
  2. Ya en la etapa Rajoy, el gobierno central ha rechazado taxativamente abrir un diálogo para mejorar el sistema de financiación de Cataluña. El gobierno de Rajoy ha dejado muy claro desde 2011 que no negociará una nueva financiación para Cataluña mientras no haya recuperación económica, y que si es necesario un nuevo sistema se negociará con todas las CCAA. Una nueva edición del café para todos que se encuentra claramente desfasada en el contexto actual de la opinión pública catalana.
  3. Nunca desde su formación el ejecutivo de Rajoy ha mostrado ninguna disposición a debatir una reforma constitucional para mejorar el autogobierno de Cataluña si no es con el objetivo de hacer caer cualquier propuesta en esta dirección. El gobierno de Madrid ha cerrado la puerta a hablar de cualquier cambio en el sistema de organización territorial: ni tercera vía, ni blindaje competencial, ni Estado federado/l, ni Estado confederado/l. Una actitud que no es trivial si consideramos que el 69,2% de catalanes valoran el actual nivel de autonomía política como “insuficiente”.
  4. Una vez agotadas las opciones anteriores, el Ejecutivo central ha sido incapaz de negociar con las instituciones catalanas la celebración de una consulta sobre el futuro político de Cataluña. La inflexibilidad de Rajoy -proyectada como una fortaleza en algunos medios de comunicación- ha quedado no obstante en evidencia cuando otro gobierno (también conservador y europeo), el del Reino Unido, no ha tenido problema en pactar un referéndum sobre la independencia de Escocia.

Enric Miravitllas