¿Las izquierdas deben apoyar la independencia de Cataluña?

Esta es una pregunta que resume parte del debate que organizaciones y movimientos por la justicia social mantienen hoy en Cataluña. Desde la Escuela de Pensamiento Crítico hemos pedido la opinión a cinco personas de izquierdas para impulsar un diálogo sobre la cuestión informado y respetuoso.

¿La independencia de las clases populares?XaviM

Para tratar de responder a la cuestión planteada, haría falta en primer lugar intentar definir de forma sintética  cuales son los rasgos principales del  pensamiento de izquierdas y comprobar si  son  o no compatibles con el actual proyecto independentista.

La izquierda , como ideología ,abarca diversos proyectos políticos con no pocas  diferencias entre ellos  y podemos incluir en ella  desde la socialdemocracia, el comunismo, los nuevos movimientos sociales o incluso el anarquismo.

Tratar de encontrar el hilo rojo que liga estas diversas tradiciones políticas y las une en el pensamiento común de la  izquierda implica buscar cual es el mínimo común de todas ellas : rebelarse ante la desigualdad social, escoger siempre la defensa del pobre, pensar que el cambio social ha de ir destinado a mejorar  las condiciones vitales de aquellos que más lo necesitan. Estos habrían de ser los principales objetivos de cualquier proyecto político que se reivindique de izquierdas.

Como gente de izquierdas, lo que habría de preocuparnos es si cualquier propuesta de cambio social tendrá efectos positivos sobre las clases populares  y sobre aquellos  más desfavorecidos de la sociedad.

El independentismo es, sin duda y por definición, un proyecto de ruptura con el sistema. Es evidente que la constitución de un nuevo estado es ,potencialmente, una oportunidad para implementar un modelo de sociedad  que recoja los objetivos y preocupaciones de las corrientes políticas  de izquierdas. Pero, ¿ garantiza el actual proyecto independentista de Catalunya una mejora de la situación de aquellos que habrían de ser objeto de preocupación para la gente de de izquierdas? Mi opinión es que no.

Difícilmente  un proyecto liderado por la derecha  podrá impulsar las transformaciones sociales y políticas para defender los intereses de las clases trabajadoras. Como la experiencia histórica muestra, la correlación de fuerzas en los períodos constituyentes de un estado tiene una transcendencia  muy importante para definir los límites  con que posteriormente se podrán realizar políticas concretas. Afirmar que el proyecto independentista está  actualmente dirigido, controlado y, en parte secuestrado por la derecha no implica despreciar  a la amplia base civil que la ha impulsado estos últimos años. El impulso social ha hecho crecer un proyecto que actualmente está gestionado por aquellos  que siempre han representado los intereses de los que más tienen.

Por otro lado,  el actual proyecto independentista  no es un proyecto emancipador para las clases populares porque  las fuerzas de izquierdas del movimiento independentista están dispuestas a posponer su defensa al nacimiento y consolidación de un nuevo estado. ERC ha mostrado estos últimos años  que está dispuesta  a asumir casi cualquier  precio político para conseguir el objetivo de la independencia. En cuanto a las CUP, a pesar de toda su retórica de ruptura y de no renuncia a la transformación social, lo cierto es que ha sido deliberadamente ambigua sobre el hecho de dar apoyo  a Artur Mas para que pueda  liderar el proceso de transición nacional  y tampoco han dudado en dar el apoyo necesario para que el proyecto independentista progrese, abstrayéndose del hecho de que es la derecha quien lo controla y condiciona. Seguro que la constitución de un nuevo estado comportaría muchos momentos de excepcionalidad que necesitarían nuevamente  que determinadas izquierdas  renuncien  a la defensa de los intereses de las clases populares, hecho especialmente grave si tenemos en cuenta que podría tardar un número indeterminado de años a ser realidad y con unos costes que afectarían especialmente a dichas clases.

Otra cuestión,  que tendría que poner en alerta a la gente de izquierdas es que el independentismo es un proyecto que no cuenta actualmente con el apoyo mayoritario de las clases populares. El análisis de los datos demoscópicos muestra  que aquellos peor situados socialmente son los que menos apoyo dan al proyecto independentista. El independentismo es muy minoritario en los grupos de rentas bajas, en la clase obrera no cualificada o, por ejemplo , en los barrios deprimidos de las zona metropolitanas.  Que un proyecto de transformación social no cuente con el apoyo de aquellos a quien las fuerzas de izquierda aspiran a representar i a defender habría de ser motivo de profunda reflexión. A menudo  aquellos que defienden el actual proyecto independentista afirman que están dispuestos y dispuestas a asumir el coste que el proceso de transición nacional les  podría  provocar. Me temo que no es valentía, sino inconsciencia de aquel que no ha tenido que padecer las consecuencias de la pobreza i la desigualdad.

La independencia como proyecto político está actualmente hegemonizado por una derecha que con el argumento de la transversalidad, ha conseguido  imponer su ideología. Owen Jones en su último libro “El Establishment” explica una anécdota sobre Margaret Thatcher: el año 2002 y después del triunfo de los laboristas afirmó contenta que ” nuestro gran éxito es Toni Blair. Hemos obligado a nuestros oponentes a cambiar”. De lo que hablaba Thatcher es de hegemonía  y de como, más de veinte años después de dejar el poder, había conseguido lo  que quizás fue su objetivo más relevante: hacer que muchas de sus premisas neoliberales  fueran incorporadas por su principal competidor, el laborismo. El proceso de unidad transversal de las fuerzas independentistas se ha hecho desde una preeminencia  de las fuerzas conservadoras que han conquistado la hegemonía del movimiento. Cualquier cambio social que pueda emerger desde esta hegemonía tendrá poco que ver con lo que la izquierda debería de tener entre sus principales objetivos: lucha contra la desigualdad y mejora de las condiciones vitales de las clases populares.

Xavier Gonzálbez, politólogo

Adiós España, me emancipoignasi

Adiós, me voy, ya basta. Quiero hacer mi vida. Estoy harto de que me digan lo que debo hacer y lo que no. Ya me organizaré yo solo, creo que ya soy mayorcito. Comienzo una nueva etapa; ya hace mucho tiempo que lo pienso y creo que es un buen momento. Tengo muchos proyectos, fuerza y soy muy emprendedor. No es egoísmo, son ganas de vivir con más libertad, poder hacer lo que quiera sin pedir permiso. De vez en cuando poder sentarme a una mesa, comer junto a la familia, abuelos, padres y hermanos; celebrar un cumpleaños o hacer un viaje todos juntos. Quiero irme de buen rollo, no os enfadéis, no me queráis cerrar la puerta si lo que yo quiero es marcharme. Sabéis que soy responsable, acogedor, justo, solidario, conciliador. Me habéis tenido muchos años en casa y sabéis que soy así. No dejaré de serlo (¿u os imagináis que sí?) Con los ahorros que tengo y los que espero poder hacer me las arreglaré muy bien. Me quedo en el barrio, pero me marcho. Alrededor no hay edificios que me tapen el sol como ahora. Hay tiendas, buena gente y está bien comunicado. Invitaré a los amigos a cenar, jugar y pensar en proyectos bonitos. Cada vez lo veo más claro y estoy totalmente animado: ¡quiero ser libre, independiente!

Ignasi Estevan, técnico de empleo

Cuidado, hay trucoramon

¿Debe la izquierda apoyar el proceso de independencia de Catalunya? Así las cosas, no. ¿Por qué? La izquierda es internacionalista y no cantonalista, pero eso no salda la cuestión. Que el derecho a decidir, sin más, sea una llave jurídica muy discutible tampoco ayuda, porque en Catalunya está bloqueada una ciudadanía que pide tomar posición en relación a España. ¿La izquierda debe impulsar un proceso de consulta? Sí pero no éste, mientras se cocine en cenáculos de la derecha identitaria como plato único y excluyente. Que esta postura haya sido barrida por el mantra hegemónico en la escena social, cultural y mediática -votar para votar sí a la independencia rápida- da una pista de los severos déficits democráticos en construir la base plural del proceso, del que siguen ausentes las clases más débiles. (Observadores internacionales tendrían no poco que decir sobre la neutralización de los medios públicos y sus terminales privadas). El escandaloso compadreo de ERC con CiU en políticas sociales o lucros ilícitos nos avisan del inasumible peaje a abonar a los conductores de esta revolución al galope de instalados. Peaje rima con camuflaje: en una sola lista eluden responder a su destrucción del modelo social y a la privatización arbitraria de su acción de gobierno entregando el poder a entidades que les calienten el papanatismo aplaudidor del fuego sagrado. Una legítima demanda de Estado propio queda así degradada a tapadera populista y avaladora de un montaje en que siempre gana el mismo que no responde de cabeza de lista. Artur Mas, el nuevo líder para un país nuevo. ¿Éstas son las condiciones objetivas para darle el sí? Cuidado, hay truco.

Ramon Miravitllas, periodista y escritor.

¿Hacia una derrota por incomparecencia?jordi4

La aceleración del debate sobre la soberanía de Catalunya provocada por el fuerte crecimiento del apoyo social a la independencia de los últimos años ha coincidido en el tiempo con una crisis de la izquierda catalana y con un contexto de gran poder institucional de Convergència, que ha hecho una apuesta política para identificarse y, eventualmente, encabezar esta oleada.Esta coincidencia ha tenido como consecuencia que, desde algunos sectores, se haya querido identificar el soberanismo catalán con posiciones de derecha o centroderecha. Parte de la izquierda catalana se ha sentido incómoda ante un proceso que, a su entender, tapa el debate social. Es el argumento, tan repetido, de la bandera que oculta los recortes. En su versión más grotesca, se reciclan viejos argumentos que identifican el catalanismo con la burguesía y se apela a una clase trabajadora de profundos sentimientos españoles. Se apela a los padres andaluces y a los abuelos extremeños, e incluso –de una manera un poco excéntrica- se pide que se no se avergüencen de sus orígenes. Una mirada ciertamente extemporánea sobre la realidad catalana que, quizás, se explica por el contexto de una campaña que para algunos se ha vuelto más difícil de lo que se preveía.
En todo caso, más allá de la anécdota, la consecuencia de este punto de vista es la no comparecencia, cuando no la hostilidad abierta, de una parte de las izquierdas catalanas hacia el proceso y la propia idea de independencia.
En cambio, otra parte de la izquierda catalana ha sido tentada a abandonar la agenda social para concentrar todos los esfuerzos en el proceso soberanista. Es aquello de ‘primero la independencia y después ya lo veremos’. Es una apuesta ciertamente arriesgada, porque en la hipótesis que el proceso hacia la independencia no avance de manera rápida, puede desdibujar el perfil ideológico de este sector, que algunos querrían ver diluido en un tipo de soberanismo post ideológico, cohesionado sólo por la gestión de un proceso prolongado en el tiempo. Es, para decirlo en palabras del periodista Roger Palà, el escenario del processisme.
Ahora bien, ni una apuesta ni la otra hacen justicia ni a la historia ni a la composición ideológica del independentismo catalán, mayoritariamente de izquierdas. Pero más allá de esto, el que es relevante es que las dos actitudes nos pueden hacer perder una oportunidad histórica. Si finalmente se abre un proceso constituyente en Catalunya, la incomparecencia de las izquierdas, ya sea para diluirse en un espacio soberanista transversal, ya sea para quererse mantener al margen a la espera de una oportunidad en España, les haría perder una gran oportunidad de cambiar las relaciones de poder en nuestro país. Es en momentos como este, en que se puede redefinir profundamente nuestro marco institucional, que la correlación de fuerzas de hoy puede tener consecuencias profundas a largo plazo. Cuando se definen las instituciones de un país se ponen las bases para la gran orientación de la política del futuro. Los cambios de gobierno son, por supuesto, relevantes, pero el marco institucional define un terreno de juego en el que algunas cosas son posibles y otras no. Este es el reto, y la oportunidad que tienen las izquierdas catalanas. ¿La desaprovecharán?

Jordi Muñoz, politólogo

El importante papel de las izquierdas en la independenciaxaviteis

Como puntualización previa, sólo puedo entender las izquierdas desde la voluntad de aportar cambios profundos en la sociedad actual y que remuevan y alteren las prioridades. Que pongan a la persona en el centro y que hagan que la economía esté al servicio de las personas y no al revés.

Partiendo de esta premisa, creo que las izquierdas tienen que respaldar la independencia por dos motivos esenciales:

  1. Para evitar que el proceso de independencia nos deje relativamente igual. Que simplemente bajemos una bandera para izar otra. La izquierda tiene que velar para que la elaboración de las bases de un nuevo estado se haga a través de un proceso verdaderamente participativo desde abajo, y a poder ser, desde la izquierda.
  2. Porque pienso que desde la voluntad de un profunda transformación social, la independencia nos acerca a la idea de que las realidades más pequeñas son más transformables. Desde la cultura del municipalismo, arraigada a la cultura política catalana, y desde el ámbito más local, creo que una Catalunya independiente hace más posible la idea de construir alternativas económicas y políticas en clave social, solidaria, cooperativa, comunitaria y feminista.

Xavi Teis, economista y cooperativista

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