¿Cómo potenciar la participación ciudadana/comunitaria en los procesos de desarrollo?

En la provincia de Cabo Delgado, norte de Mozambique, poco a poco, se van generando distintas iniciativas que promueven la participación ciudadana y comunitaria en los respectivos procesos de toma de decisión que podrán conducir a un desarrollo local más participativo. De una forma u otra, se pueden identificar espacios con los cuáles la población se siente cada vez más identificada, donde comienza a verificarse una mayor pertinencia en la existencia de esos mismos espacios y donde se incrementan los temas discutidos por la población. Estas iniciativas suelen ser tanto locales -o incluso promovidas desde el Gobierno- como pueden ser iniciativas que obedecen a lógicas y modelos ajenos promovidos desde organizaciones internacionales.

Sin embargo, en este territorio en particular, con su complejidad y dinámicas socio-culturales propias, existe también un sistema de relaciones de poder – al que han contribuido las dinámicas del sistema de partido dominante y siglos de conflictos – y un déficit de capital social y de capacidades colectivas, incluso de ausencia de vínculos comunitarios fuertes, que impiden aún que esta sociedad se apropie y participe de sus propios procesos de desarrollo, de forma continuada y verdaderamente colectiva. Asimismo, uno se plantea, al final, si en este territorio en particular, se podrán realmente construir consensos de abajo a arriba, que tengan en cuenta la complejidad social y cultural, las aspiraciones, pero también las relaciones de poder, y no solamente las buenas (¿para quiénes?) prácticas, no raras veces extrañas a esta misma realidad.

Partiendo de la premisa de que la inclusión o exclusión de un grupo humano en los procesos de decisión que afectan al desarrollo en su territorio va a ser un determinante de su propio bienestar, sería pertinente reflexionar sobre los mecanismos de participación de los actores sociales en la gobernanza local. Es decir, analizar si, en esta provincia de Mozambique, existen y se pueden desarrollar las capacidades de participación democrática y de interacción entre personas, instituciones y sociedad(es) para que trabajen y se articulen en torno a un proyecto común de bienestar.

Durante mis estancias en Mozambique, entre los años 2005 y 2009, primero, y ahora en el 2014, como coordinador de proyectos de cooperación internacional en el sector salud, he participado, principalmente en la provincia de Cabo Delgado, en distintos espacios de participación comunitaria, formales e informales, relacionados sobre todo con procesos de planificación y M&E del desarrollo a nivel territorial (participación tutelada). Estas experiencias han demostrado ser una buena oportunidad para testimoniar ejercicios reales de participación comunitaria y de diálogo entre actores-clave en estos mismos procesos de desarrollo local. No obstante, en estos espacios, verifiqué también, desde mi punto de vista, algunas distorsiones y contradicciones que me motivan ahora a intentar seguir con una reflexión más profunda en este ámbito y que intento resumir en este artículo.

Por un lado, me ha parecido haber una cierta ambigüedad en lo que se entendía como verdadera participación de la sociedad/ciudadanía en los procesos territoriales de planificación/M&E del desarrollo. Una buena parte del trabajo estaba casi siempre realizado por consultores externos y/o funcionarios de las administraciones, siguiendo modelos o buenas prácticas ajenas, no necesariamente exitosas, siendo ratificado año tras año, de forma mecánica, sin elementos que de alguna forma hicieran partícipes a los más pobres, o al menos tuvieran en cuenta sus reales aspiraciones de futuro. Por otro lado, me ha parecido ver también dificultades en la integración y articulación con otros actores que pudieran representar el tejido económico y empresarial del territorio. Y, finalmente, me ha merecido especial atención, como tema de reflexión, el desafío que suponía (supone) realizar cambios y establecer prioridades de desarrollo, a nivel territorial, en un contexto de descentralización del poder que no está todavía totalmente consolidado, ni constituido como un proceso de creación de espacios y mecanismos reales de participación ciudadana.

– Contexto

Después de dos décadas de paz, aparente estabilidad política y crecimiento económico – 7,1% del PIB en 2013 (FMI: 2014) – persisten en Mozambique preocupantes indicadores de pobreza extrema y de desigualdad económico-social. El país sigue estando, año tras año, informe tras informe, entre los más pobres del mundo. Es decir, el crecimiento del PIB (que no está siendo inclusivo), la inversión directa extranjera y la explotación de recursos naturales no se traducen necesariamente en beneficios para la población, ni en un verdadero desarrollo social y/o desarrollo humano sostenible. Más preocupante aún, según varios autores y los más recientes informes de evaluación de la pobreza en Mozambique, ésta no sólo no está disminuyendo, sino que se está agravando en algunas provincias del país (en particular, en las regiones Centro y Norte), lo que contradice las tesis defendidas por el Gobierno y las propias estrategias recientes de reducción de la pobreza (PARP, PRSPs, etc.). O sea, se puede observar una disminución de la pobreza en términos relativos (la parte de los pobres sobre el total de la población) y, al mismo tiempo, un aumento general del número de pobres, principalmente en las regiones Centro y Norte – objeto reciente de pretensiones independentistas por parte del líder del principal de la oposición – situación a que distintos autores describen como siendo la antecámara de la maldición de la abundancia.

Tras años de colonialismo, esclavitud, guerra civil, cambio de un régimen socializante y paternalista a un modelo (ultra) liberal de la economía – lo que ha provocado la erosión del control social de la población a través de las instituciones político-partidarias, un estancamiento en el impulso democrático y reformista, la vigilancia sobre la sociedad civil y un grado creciente de autoritarismo – esta sociedad (en su gran mayoría rural) carece todavía de capacidades funcionales para la participación democrática y la interacción con el resto de los actores del desarrollo. La reciente instabilidad política en Mozambique, con efectos en las últimas elecciones municipales y generales (desafiando el partido FRELIMO que gobierna desde 1975), demuestran que una pequeña parte de la sociedad, una vez más en las palabras de Boaventura de Sousa Santos, “deja de tener miedo al miedo de cambiar”. Sin embargo, la gran mayoría de la población, particularmente en Cabo Delgado, sigue en un estado de enorme dependencia, sin apenas capacidad real para actuar en cuanto sujeto activo de su propio proceso de desarrollo, o sea sin capacidad real de influir en la toma de decisiones en la escala territorial local, articulada con las escalas regional y nacional.

Asimismo, en un país como Mozambique, con graves desigualdades sociales y territoriales, importa destacar la existencia, por un lado, de espacios y mecanismos institucionales que promueven la participación democrática de los ciudadanos en los niveles más cercanos, donde convergen intereses comunes y particulares de los actores de las esferas institucionales de la sociedad (Estado, mercado y hogar). Se trata de espacios/mecanismos de tipo deliberativo (consulta y auscultación), creados por el Estado, en el ámbito del proceso de descentralización/desconcentración donde, en la práctica, la participación comunitaria en los planteamientos estratégicos de desarrollo es muy limitada. Por otro lado, la existencia (un poco dispersa aún) de otro tipo de experiencias/modelos que impulsan el desarrollo local y la gobernanza y que podrán contribuir para la creación de capacidades colectivas de los actores sociales, como son las experiencias de microcrédito, las cooperativas, de refuerzo institucional de la sociedad civil y distintas experiencias de desarrollo económico local.

¿Cómo potenciar la participación ciudadana?

Para que lo expuesto anteriormente sea una realidad, el mayor desafío será el de ligar los valores de la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho a los temas económicos y sociales que afectan a las personas. ¿Cómo?

Uno de los pasos pasaría, desde mi punto de vista, por potenciar los espacios y procesos que animen a la ciudadanía, relacionando los principios democráticos de la participación ciudadana con la prestación de servicios públicos de calidad a la población (salud, educación, entre otros). Sin embargo, habría que mejorar también los actuales procesos de participación, teniendo en cuenta las aspiraciones de futuro de los más pobres y promoviendo de forma colectiva acciones de abogacía y de fiscalización ciudadanas, fuera de la actual lógica partidista o (demasiado) sectorial – contraproducente para lograr una visión integrada de desarrollo – que puedan influir en la (buena) gobernación y en la decisión, elaboración e implementación de políticas públicas cada vez más inclusivas.

Las buenas prácticas ajenas se están teniendo (e imponiendo), pero habrá que saber elegir qué elementos de esos modelos, con un carácter innovador, crítico y transformador, podrán realmente ayudar a generar capacidades colectivas en este grupo humano en concreto. En otras palabras, identificar/adaptar/crear modelos que puedan ser útiles para la complejidad de los procesos de desarrollo en Cabo Delgado, con la intención de reforzar las capacidades colectivas de sus actores y protagonistas.

Resumiendo, en un territorio que sufrirá profundas transformaciones con la presencia de las industrias extractivas y el impacto social de un modelo económico no inclusivo, se deberá desde la ciudadanía defender y apostar por un modelo de Desarrollo (Humano, Local, Sostenible), donde se potencie instrumentos reales y adaptados de participación de las comunidades/sociedad en esos los procesos de desarrollo que les afectan. Es decir, un desarrollo que se centre en las capacidades colectivas (y potencie los activos sociales) relacionadas con la construcción de una gobernanza participativa, como por ejemplo la construcción de tejido social, la capacidad de liderazgo, de negociación, de interlocución con la administración pública; que permita que las estrategias de desarrollo sean definidas con y para la comunidad (auto-sostenibles) y se transformen, si posible, en políticas públicas transformadoras. De otro modo, se cumplirá inevitablemente la maldición de la abundancia…

Vasco Coelho
Coordinador de Proyecto en Cabo Delgado
Medicus Mundi Catalunya

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