Sobre lo que pasa en Cataluña

¿Sabías que hace algún tiempo la mayoría de catalanes eran autonomistas? ¿Y que la independencia era sólo la tercera preferencia entre los modelos de relación Cataluña-España? ¿Y que más de un 30% de los votantes de CiU, ERC, PSC e ICV-EUiA eran federalistas?

Parece mentira, pero de eso sólo hace cuatro años. Hoy las esteladas han dejado de ser un símbolo minoritario (y para algunos, radical) para convertirse en adorno habitual de balcones, plazas, rotondas, vehículos, bares o ayuntamientos. El federalismo ha perdido prestigio social a marchas forzadas: de la admiración que despertaba la formulación del federalismo asimétrico a finales de los 90 se ha pasado a una nueva y extendida percepción que asocia ser federalista a algo naíf, vergonzante, ingenuo o unionista. Los autonomistas han desaparecido del mapa: hoy cuesta mucho encontrar a alguien que diga que no hay que tocar nada del modelo territorial. Menos numerosos parecen aún los que aspiran a recentralizar políticamente España y a convertir a Cataluña en una región.

¿Qué ha cambiado, pues, en los catalanes?

La pregunta 30 del barómetro de opinión del CEO nos ayuda a responder si las percepciones descritas se corresponden con la realidad. Si revisamos las respuestas de los catalanes a la pregunta de “¿Cree que Cataluña debería ser …?” Veremos que las preferencias han cambiado y mucho desde 2010. Los partidarios de la independencia se han más que duplicado entre este año y 2014: la ruptura con España se ha convertido la opción preferida de la mayoría de catalanes (45,3%), cuando hace tan sólo cuatro años era tan sólo la tercera (detrás la opción autonomista y el federalista). La posibilidad de que Cataluña se convierta en un Estado dentro de una España Federal o que se mantenga como una Comunidad Autónoma en España han perdido casi un tercio de apoyo, de forma que las dos juntas sólo llegan a igualar aproximadamente la proporción de independentistas (45,6% de). Los que prefieren que Cataluña sea una región en España, si ya eran escasos en 2010, han pasado a ser casi insignificantes en 2014 (1,8%), mientras que los que afirman no saber contestar han crecido ligeramente, hasta llegar al 6,5%.

Si examinamos las respuestas a la misma pregunta entre 2006-10, podremos comprobar que a partir de 2010 las predilecciones de los catalanes cambian sustancialmente. Hasta este año podemos observar una cierta continuidad de las preferencias sobre el modelo de relaciones a establecer entre Cataluña y España. Tanto en 2006 como en 2010 se observa la misma ordenación de las opciones de organización territorial (1. Comunidad Autónoma, 2. Estado dentro de una España federal, 3. Estado independiente, 4. Región de España). En 2014, la escala de prioridades será completamente diferente: 1.Estado independiente, 2. Comunidad Autónoma, 3. Estado dentro de una España federal, 4. No sabe. Eso sí, debe hacerse notar que en el periodo 2006-10 se observan las mismas tendencias que en 2010-14 (los independentistas suben y los autonomistas y federalistas bajan), si bien en una intensidad mucho menos acentuada.

gráfico cast 2

Fuente: Barómetro de opinión del CEO (2ª oleada de 2006,2010 y 2014)

La evolución de las preferencias en las bases electorales de los partidos

Si cruzamos los diferentes modelos de relación con España con el recuerdo de voto de los encuestados en las últimas elecciones al parlamento de Cataluña, podremos ver cómo han evolucionado las preferencias territoriales de los catalanes en función del partido al que han votado.

El porcentaje de catalanes que apoya la independencia ha aumentado en todos los partidos, a excepción del PP y el PSC. La proporción de independentistas ha crecido de forma muy ostensible en CIU (145,5%) y ERC (64,36%), significativamente en ICV (70,62% -eso sí, sin convertirse en la primera preferencia-) y testimonialmente en Ciudadanos. En el caso de CiU, la independencia ha pasado del tercer lugar al primero entre 2010 y 2014.

Con la opción autonomista ha sucedido lo contrario. El porcentaje de partidarios de mantener el statu quo actual en Cataluña ha crecido entre los votantes del PP (33,13%) y el PSC (22,43%) pero ha bajado en el resto. Los autonomistas han caído de forma sustancial en las bases electorales de ICV (-76,54%), CiU (-71,07%) y Ciudadanos (-33,67%), si bien desde puntos de partida diferentes.

El federalismo se ha derrumbado en las preferencias de los votantes de las formaciones políticas mayoritarias. A excepción de Ciudadanos, donde ha crecido notablemente (82,5% ) e ICV-EUiA, donde ha subido unas décimas (0,51), el federalismo ha experimentado retrocesos muy acusados en las bases electorales de ERC (-76, 14%) y CIU (-42,72%), y en menor medida en las del PP (-26,32%) y PSC (-8,10%).

Finalmente, la opción que Cataluña se convierta en una región de España ha atraído un porcentaje menor de votantes de casi todos los partidos, pasando de ser una alternativa de minoritaria a residual. El regionalismo sólo crece en Ciudadanos (108,10%), donde alcanza una cota importante en términos relativos.

¿Por qué la independencia se ha convertido en la primera opción?

A poco que comparemos el período 2006-10 con el de 2010-14 nos daremos cuenta de que hay algo en 2010 que actúa como acelerador del cambio en las preferencias territoriales de los catalanes. Y este detonante tiene una fecha concreta: el 28 de junio de 2010. En este día el Tribunal Constitucional declara inconstitucionales 14 artículos del Estatuto de Autonomía de Cataluña, sujetos a interpretación del Tribunal otros 27 y subraya que los conceptos “nación “y” realidad nacional “que figuran en el preámbulo no tienen eficacia jurídica.

A partir de este momento las alternativas de encaje con España irán perdiendo fuerza progresivamente, al tiempo que la independencia ampliará su base de apoyo hasta cotas nunca vistas.

Ahora bien, ¿es la sentencia del Estatut el único factor que explica la actual desafección con España de un sector muy amplio de catalanes? No. Entre 2010 y 2014, el Gobierno ha cometido cuatro errores clave que han incrementado el descontento de los catalanes con el marco de relaciones de Cataluña con España, y de rebote el número de partidarios de la independencia. Unos desaciertos que han tenido como denominador común el inmovilismo, la falta de voluntad de descentralización política y –en ocasiones- la excesiva dependencia del cálculo electoral.

  1. Zapatero perdió la oportunidad de reconducir la crisis territorial entre Cataluña y España poco después de la sentencia del Estatut. En concreto, el presidente del gobierno hubiera podido impulsar -tal como él mismo llegó a contemplar- la aprobación de una ley de transferencias que hubiera devuelto a las competencias invalidadas por el Tribunal Constitucional al Estatuto de Cataluña. Una maniobra que nunca vio la luz por la división del PSOE respecto al Estatuto de Cataluña y por la proximidad de las elecciones de 2011.
  2. Ya en la etapa Rajoy, el gobierno central ha rechazado taxativamente abrir un diálogo para mejorar el sistema de financiación de Cataluña. El gobierno de Rajoy ha dejado muy claro desde 2011 que no negociará una nueva financiación para Cataluña mientras no haya recuperación económica, y que si es necesario un nuevo sistema se negociará con todas las CCAA. Una nueva edición del café para todos que se encuentra claramente desfasada en el contexto actual de la opinión pública catalana.
  3. Nunca desde su formación el ejecutivo de Rajoy ha mostrado ninguna disposición a debatir una reforma constitucional para mejorar el autogobierno de Cataluña si no es con el objetivo de hacer caer cualquier propuesta en esta dirección. El gobierno de Madrid ha cerrado la puerta a hablar de cualquier cambio en el sistema de organización territorial: ni tercera vía, ni blindaje competencial, ni Estado federado/l, ni Estado confederado/l. Una actitud que no es trivial si consideramos que el 69,2% de catalanes valoran el actual nivel de autonomía política como “insuficiente”.
  4. Una vez agotadas las opciones anteriores, el Ejecutivo central ha sido incapaz de negociar con las instituciones catalanas la celebración de una consulta sobre el futuro político de Cataluña. La inflexibilidad de Rajoy -proyectada como una fortaleza en algunos medios de comunicación- ha quedado no obstante en evidencia cuando otro gobierno (también conservador y europeo), el del Reino Unido, no ha tenido problema en pactar un referéndum sobre la independencia de Escocia.

Enric Miravitllas

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